Los auto-test son un conjunto de pruebas físicas que sirven para valorar la fuerza y la resistencia específica de los dedos en escaladores. Ambas capacidades han sido asociadas con el rendimiento en escalada en numerosos estudios(1-3). Los auto-test permiten medirlas de forma válida y fiable según la evidencia científica actual (3-5). Las pruebas que componen los auto-test se llevan a cabo mediante suspensiones de dedos a dos manos usando la aplicación R-Evolution (en adelante la App). Esta App permite programar recuperaciones de hasta 0,5 segundos entre suspensiones y detectar la posición de la R-Evolution Board, una tabla para el entrenamiento de dedos que varía ligeramente su posición al colgarse en ella. La App es capaz de detectar esta variación, pudiendo informar del grado de precisión con el que se realizan las suspensiones. La realización de las pruebas de los auto-test mediante suspensión, así como el control de la precisión con la que se llevan a cabo, son elementos muy importantes para la validez y la fiabilidad de las mismas. A continuación se expone cómo se obtienen los indicadores de fuerza y resistencia citados y qué elementos caracterizan las pruebas que los valoran.

Las pruebas que configuran los auto-test miden 2 capacidades:

  1. la capacidad para sostenerte de las presas. Esta capacidad depende de dos factores: 1) la fuerza de los flexores de los dedos, y 2) ciertas características antropométricas de la punta de los mismos. Cuanto menor es el tamaño de la presa donde se debe hacer fuerza para sostenerse de la misma, más depende esta capacidad del segundo de los factores (de hecho, por debajo de 5,8 mm se ha evidenciado como el factor principal) (6). Los tamaños de regleta que se emplean en los auto-test están adaptados a la fuerza de cada escalador, siendo el tamaño mínimo utilizado de 8 mm, por lo que el resultado de esta prueba depende en sobre todo de la fuerza máxima que se puede aplicar con la punta de los dedos. Por este motivo, al indicador que mide esta capacidad se le ha llamado indicador de fuerza máxima (F). A efectos prácticos, la prueba para valorarlo consiste en determinar el máximo peso que se puede sostener durante 5” en una regleta de tamaño ajustado individualmente. Dicho tamaño es aquel donde cada escalador puede sostener su propio peso corporal durante 40” (o la Regleta Mínima Posible para 40” de suspensión = (RMP_40)). El indicador “F” se construye teniendo en cuenta el peso corporal y el tamaño de la regleta empleada (3) (ejemplo debajo):

Datos para el ejemplo: Peso corporal (PC): 70 kg; RMP_40: 10 mm; Máximo lastre a 5” en RMP_40: 30 kg.

 “F”= (((PC + lastre) / PC) / (RMP_40)) x 100) = (((70 + 30) / 70) / 10) x 100) = 14,28

Ambos indicadores de resistencia específica, “ANAE” y “AE”, se construyen teniendo en cuenta el tiempo máximo alcanzado en cada prueba, pero también la fuerza aplicada durante la misma (4). El producto de estas variables permite obtener lo que se denomina “integral de la fuerza-tiempo” (o FTI, por sus siglas en inglés). Esta variable ha sido considerada como el indicador más adecuado para medir la resistencia específica en escalada, ya que no sólo tiene en cuenta el tiempo alcanzado en la prueba, sino también la fuerza aplicada durante la misma (11) (aunque actualmente existe cierta controversia sobre su capacidad para diferenciar entre disciplinas de escalada (13) como veremos más adelante). Además, dado que la intensidad no es fija en estos protocolos, pues depende del UO (y este parámetro es individual), se aplica un factor de normalización de la intensidad (if) para poder comparar FTIs obtenidos a diferentes intensidades. Este factor se deriva de los tiempos teóricos que se alcanzarían en esfuerzos isométricos a diferentes intensidades a partir del modelo propuesto por Rohmert (14,15) (ver tabla debajo).

A partir de lo anterior, los indicadores de resistencia específica (“ANAE” y “AE”) se calcularían así:

FTI = F x if  x T x tf  , donde:

F = indicador F

if = factor de normalización de la intensidad, que depende de la intensidad del test (UO)

T = tiempo total obtenido en la prueba (en segundos).

tf = factor de normalización del tiempo, siendo 8/8,5 para el indicador “ANAE” y 10/13 para el indicador “AE”.

Ejemplo de cálculo de los indicadores “ANAE” y “AE”:

Datos para el ejemplo: “F” = 14,28 (usando los datos del ejemplo anterior sobre este indicador); UO = 65%; T en prueba intermitente 10:3 = 180 s; T en prueba intermitente 8:0,5 = 85 s.

 “AE”= 14,28 x (188,43 / 787,76e-4,087(65%)) x 180 x (10/13) = 6752,90

ANAE”= 14,28 x (188,43 / 787,76e-4,087(65%)) x 85 x (8/8,5) = 3901,67

A continuación, se expone de forma más detallada las características de las pruebas de los auto-test.

ESPECIFICIDAD EN LA APLICACIÓN DE LA FUERZA Y VALIDEZ DE LAS MEDICIONES

La especificidad es un elemento básico de cualquier prueba de valoración que influye en su validez, es decir, en que mida lo que pretende medir (16,17). En el contexto de las capacidades físicas, la especificidad hace referencia a la similitud que existe entre la acción motriz que se valora en la prueba y la que se da en la práctica real. En este sentido, las suspensiones de dedos se han mostrado como el ejercicio que mejor imita la acción motriz fundamental en escalada, que es la de sostenerse de las presas con los dedos de las manos. Así, se ha observado que las suspensiones generan una activación en los flexores de los dedos (a nivel electromiográfico) similar a la que se da escalando (18), algo que no ocurre en otros ejercicios como, por ejemplo, la dinamometría manual. Por otro lado, la posición del brazo a la hora de hacer la suspensión también imita la que éste adopta normalmente a la hora de escalar, es decir, con la mano por encima del nivel de la cabeza. Este hecho ha mostrado una incidencia sobre el nivel de perfusión que se da en esta extremidad (19), es decir, que afecta al flujo sanguíneo que llega a los flexores de los dedos en esta acción y, consecuentemente, a la resistencia específica que estos pueden manifestar (20), ya que esta depende en parte de este elemento como se expone más adelante.

Siguiendo con la especificidad, los auto-test se llevan a cabo  sobre una presa de tipo regleta, que es una de las más típicas que podemos encontrar escalando (21) y, además, característica de las partes más difíciles de las vías o boulders en sus tamaños más pequeños (6). Este elemento no sólo influye en la especificidad de los auto-test, sino que también les otorga una mayor seguridad, ya que este tipo de presa permite utilizar casi siempre 4 dedos (según su anchura), independientemente de su profundidad. Esto hace que la tensión generada sobre las estructuras blandas de los dedos pueda repartirse mejor entre todos ellos (22), haciendo más seguras estas mediciones. En relación con esto último y como ya se ha explicado, los auto-test se realizan en un tamaño de regleta siempre adaptado al nivel de fuerza de cada escalador (RMP_40). Esto se debe a las observaciones realizadas en un reciente estudio (3), en el que se observó una elevada asociación entre varios test de fuerza y resistencia mantenida de dedos medidas en suspensión. Dicha relación sugiere que las capacidades que las determinan son muy parecidas y, por tanto, se podría aproximar el resultado de cada uno ellos desde el resultado de los otros con bastante precisión. La App utiliza esta aproximación para ajustar inicialmente (en el auto-test inicial) el tamaño de regleta según el nivel de fuerza, consiguiendo una valoración no sólo específica, sino también más fiable y segura. La fiabilidad hace referencia a la capacidad que tiene una prueba para reproducir el resultado de una medición. En este sentido, se ha observado que los escaladores de mayor nivel deportivo (quienes normalmente manifiestan más fuerza de dedos), muestran una mayor fiabilidad a la hora de aplicar fuerza sobre regletas más pequeñas (21). Debido al ajuste citado, generalmente sólo los escaladores de mayor nivel realizarán los auto-test en tamaños de regleta más pequeños, mientras que por el contrario, normalmente sólo los escaladores de menor nivel (con menos adaptaciones a nivel de tejidos blandos de los dedos), serán los que hagan los auto-test en regletas de mayor tamaño. En estas últimas, la tensión a nivel de los citados tejidos es menor por el menor brazo de palanca al que se someten las poleas de los dedos respecto al punto de aplicación de la fuerza (23-25). Este hecho es el que confiere la mayor seguridad referida previamente.

Como también se ha citado antes, el tamaño de regleta más pequeño que se emplea en los auto-test es de 8 mm. Esto es debido a los hallazgos de Bourne et al. (2011) (6), quienes observaron que la capacidad para sostenerse de regletas de menos de 5.8 mm, dependía más de ciertas características de la piel de la punta de los dedos (en concreto del grosor del pulpejo), que de la fuerza máxima que se podía expresar en regletas de mayor profundidad. La regleta mínima utilizada en los auto-test es de 8 mm y no de 6 mm (que ya estaría por encima de esos 5.8 mm), debido a los casi 5 mm de radio de redondeo practicado en el perfil de los agarres de la R-Evolution Board. El objetivo de este rebaje es conseguir una sensación más agradable a la hora de colgarse de estas presas, de modo que cuando se apliquen cargas elevadas sobre ellas no generen una sensación dolorosa en la piel de la punta de los dedos para que esto no sea una limitación en el ejercicio como sucede cuando las regletas tienen un canto muy vivo (ver figura inferior). 

Perfil rebajado              VS.              Perfil sin rebajar

Por otro lado y como se expone en los textos de ayuda de los auto-test, los tipos de agarre que puedes emplear en estas pruebas son la semiextensión o el semiarqueo, pero no el arqueo completo. Este tipo de agarre se limita por un criterio preventivo, ya que en él se generan las mayores tensiones sobre las poleas y podría ser peligroso al hacer esfuerzos máximos. La libertad otorgada para elegir entre la semiextensión y el semiarqueo se debe a los hallazgos de Amca et al., (2012) (26), quienes observaron que el tamaño de las presas condiciona el tipo de agarre que se emplea para sostenerse de las mismas debido a un criterio de eficiencia relativo al mejor aprovechamiento de su superficie. Además, parece lógico que lo anterior esté relacionado con el tamaño y las proporciones de los dedos. Por tanto, dado que los auto-test se hacen en tamaños de regleta que pueden variar según la capacidad individual, y que el tipo de agarre a emplear no sólo estará condicionado por lo anterior sino también por el tamaño/proporción de los dedos de cada uno y por el tipo de agarre que esté más habituado a emplear (27), parece absurdo obligar a utilizar un tipo de agarre concreto a todos los escaladores. Dicho lo anterior, hay que recordar que siempre se debe usar el mismo tipo de agarre durante todas las pruebas de los auto-test, es decir, que una vez se “escoge” un tipo de agarre de los dos citados, ya se debe mantener durante el resto de las pruebas. Esto sirve para que el patrón de reclutamiento empleado no se altere intra-escalador (o para el mismo escalador). Además, independientemente del tipo de agarre empleado, este patrón siempre va a ser prevalente o al menos importante para el flexor común profundo (FCP) (24), que es el músculo considerado como más importante para el rendimiento en escalada (13), ya que es el que ejerce la flexión de la falange distal, que es la más solicitada en las presas más pequeñas.

Otro elemento a destacar en relación con el punto anterior, es que el tamaño de regleta que se usa en los auto-test siempre va a ser igual o menor a la longitud de la falange distal del dedo corazón de tu mano dominante. Esto es debido a las observaciones realizadas por Pedro Bergua en un estudio preliminar previo a las investigaciones que fundamentan los auto-test (4). En él, varios escaladores realizaron suspensiones hasta el fallo muscular a diferentes intensidades relativas sobre una presa tipo regleta. Algunos lo hicieron sobre regletas de profundidad menor o igual al tamaño de su falange distal, y otros sobre profundidades mayores a la misma. Estos últimos alcanzaron tiempos muy alejados a los que predice el modelo teórico que existe para los esfuerzos de tipo isométrico (14,15,28), que es exponencial en las intensidades más bajas y lineal en las más altas (ver figura inferior).

Tiempo esfuerzo isométrico (s) VS. Fuerza relativa (%) segú Fórmula de Rohmert (14,15).

Este cambio de tendencia (de lineal a exponencial) ha sido explicado por la presencia de flujo sanguíneo en la musculatura implicada en el esfuerzo en las intensidades más bajas (29,30). Por ello, el flujo sanguíneo se considera el factor más importante para la duración de las contracciones isométricas (30-32). Los tiempos de resistencia observados en el estudio experimental citado, podrían ser debidos a modelos de reclutamiento diferente entre los escaladores que usaron tamaños de regleta mayores a su falange distal respecto a los que usaron tamaños menores a la misma. Esta hipótesis se basa en los hallazgos de un estudio realizado con no escaladores (29), donde se valoró el flujo sanguíneo de la musculatura del antebrazo en varias intensidades de contracción isométrica, observando que existían diferentes patrones de circulación según el nivel de fuerza absoluta de cada sujeto (ver figura inferior). Este hecho podría tener su reflejo en modelos distintos de tiempo de resistencia-fuerza relativa (figura superior).

Patrones de flujo sanguíneo en el antebrazo de uno y de dos picos en no escaladores a diferentes intensidades de contracción isométrica. [En Barnes (1980)] (29)

Por tanto, dado que la implicación muscular de los flexores de los dedos se ha observado distinta según el tipo de agarre empleado (entre semiarqueo y extensión) (24,33), se consideró necesario utilizar  regletas de 1 falange como máximo en los auto-test para “obligar” al uso del agarre en semiextensión o el semiarqueo y así asegurar un modelo de reclutamiento muy similar también entre todos los escaladores.

CONTROL DEL FLUJO SANGUÍNEO Y VALIDEZ DE LA MEDICIÓN DE LA RESISTENCIA

La resistencia específica en escalada (REE) se valora a nivel local, es decir, a nivel de los flexores de los dedos, ya que son los encargados de realizar la acción motriz más importante del deporte: sostenerse de las presas. Las valoraciones más específicas de la REE son las que se realizan de forma intermitente, ya que se ha sugerido que una valoración puramente isométrica no podría reflejar la dinámica del esfuerzo de esta actividad (16). En esta línea, se ha observado que la REE en escalada depende en gran medida de la magnitud y la velocidad de la re-oxigenación que se da en las fases de reposo entre contracciones (34,35) (recordemos que son esfuerzos de tipo intermitente). Esto a su vez está determinado en gran medida por el flujo sanguíneo que se da durante las fases de recuperación entre dichas contracciones (20), ya que durante las mismas, dada su naturaleza isométrica, el flujo sanguíneo puede verse limitado (11). Por tanto, el flujo sanguíneo condiciona en gran parte la magnitud de la recuperación que puede darse entre esfuerzos y, en consecuencia, la REE.

La presencia de flujo sanguíneo en un músculo está determinada por su umbral de oclusión (UO) (29,36). Hasta ahora, sólo un estudio ha aproximado el UO en escaladores (5). En dicho estudio, Bergua et al., (2020) encontraron que el UO se daba de media al 65.59% (± 8.86%) en escaladores avanzados (entre 7a+ y 8a) y de élite (entre 8a+ y 8c+). Por tanto, ningún estudio publicado hasta ahora ha valorado la REE en condiciones hemodinámicas similares entre escaladores, es decir, teniendo en cuenta uno de los factores más importantes que determinan la REE. Esto último sólo podría haberse dado conociendo el UO individual de antemano, algo que permiten saber los auto-test. Como apuntaron Staszkiewicz et al. (2002) (37), no saber a qué intensidades hay flujo sanguíneo durante las contracciones isométricas otorgaría un bajo valor diagnóstico a estas pruebas. Esto se debe a que la presencia de flujo sanguíneo durante los tiempos de contracción: i) enmascararía el efecto de la re-oxigenación local en los tiempos de relajación en estos esfuerzos intermitentes, y ii) podría significar una evaluación diferente entre los sujetos, por lo que no permitiría las comparaciones  (5).

Los protocolos intermitentes utilizados en la mayoría de estudios que han valorado la REE, se han llevado a cabo mediante la aplicación de esfuerzos isométricos voluntarios, es decir, aplicando fuerza sobre un agarre a cierta intensidad (definida previamente) (11,12). Para realizar lo anterior, se “aislaban” los flexores de los dedos del resto del cuerpo, realizándose estos tests con los sujetos sentados y apoyando el codo sobre una mesa (hombro y codo a 90º de flexión). La fuerza se aplicaba sobre una presa (tipo regleta) que se colocaba justo bajo los dedos de la mano, controlando la magnitud de la misma mediante un sensor incorporado bajo el agarre. Estos procedimientos, necesarios para  valorar parámetros como la cinética de oxigenación (35) o la hemodinámica(20), han permitido ampliar nuestro conocimiento sobre los elementos determinantes de la REE. Sin embargo, podrían no haber permitido el control del flujo sanguíneo a nivel local debido al margen que permitieron (±10%) respecto a la intensidad de aplicación de la fuerza objetivo en estos protocolos. Por ejemplo, si la intensidad en la que se medía la resistencia era al 60% de la fuerza máxima, en realidad se podían aplicar fuerza entre el 50% y el 70%, lo que no garantizaría una misma condición hemodinámica durante todo el test.

Estos hándicaps han sido eliminados en los auto-test, ya que en ellos la REE se valora a una intensidad donde no existe flujo sanguíneo, pues previamente se aproxima el UO individual de cada escalador. Por otro lado, los protocolos intermitentes de los auto-test nunca permiten una oscilación por debajo de esa intensidad objetivo (UO) ya que, al realizarse mediante suspensiones, se garantiza que siempre exista una aplicación constante de una fuerza mínima (ejercer menos fuerza de la marcada como objetivo significaría  el fin de la suspensión y, en consecuencia, del test). Todo esto garantiza que siempre exista una oclusión total del flujo sanguíneo durante las fases de contracción durante estas pruebas, lo que permite valorar el efecto de la recuperación sólo durante las fases de reposo entre contracciones. Este es el procedimiento que se ha sugerido de mayor validez para medir la REE (5), permitiendo la comparación entre escaladores al igualar la condición hemodinámica de la valoración entre ellos.

TIEMPOS DE REPOSO Y DIFERENCIACIÓN METABÓLICA

Estudios previos han observado que los tiempos de reposo entre contracciones isométricas también afectan el flujo sanguíneo local (20,38,39) y, en consecuencia, a la REE (20). Demura et al. (2008) (8) mostraron diferencias significativas en la dinámica de oxigenación entre los esfuerzos isométricos mantenidos e intermitentes con diferentes ratios de esfuerzo:reposo. Estos autores sugirieron que la re-oxigenación muscular era casi inexistente para tiempos de relajación entre contracciones inferiores a 2 segundos, lo que achacaron a una insuficiencia de tiempo como para reiniciar el flujo sanguíneo. En este sentido, si los protocolos intermitentes para la valoración de la REE se realizan a una intensidad que suponga la oclusión total durante las fases de contracción (como la del UO), las posibilidades de re-oxigenación del músculo pasan por la duración de la fase de reposo entre contracciones. Dado que el metabolismo prevalente en el músculo depende de la biodisponibilidad de oxígeno dentro de él (36), si se valora la REE en las condiciones citadas (como ocurre en los auto-test), ésta se manifestará a través de su componente más aeróbico o más anaeróbico, en función de si los tiempos de reposo entre contracciones son mayores o menores 2 segundos, respectivamente (8). En base a lo anterior y como ya se ha expuesto, los auto-test incluyen dos pruebas de REE, ambas a intensidad del UO, pero cada una con un ratio de esfuerzo:reposo diferente. Esto permite obtener los diferentes indicadores de la REE ya citados: “ANAE” y “AE”.

Esta diferenciación, basada en las posibilidades de bio-disponibilidad de oxígeno en el músculo (36), se fundamenta en las sugerencias de algunos estudios sobre la existencia de adaptaciones distintas para escaladores de diferentes disciplinas, como el boulder y la escalada de dificultad (13,40). Parece lógico que una disciplina basada en esfuerzos cortos de muy alta intensidad (como el boulder), genere adaptaciones diferentes que otra basada en esfuerzos de mayor duración, aunque también puedan ser de intensidad elevada (como la escalada de dificultad). Sin embargo, algunos estudios no han encontrado diferencias respecto a la expresión de la REE entre escaladores de ambas disciplinas al medirla mediante la FTI (13,40). Esto podría deberse a varios motivos, como: i) el nivel de las muestras empleadas (generalmente escaladores de nivel avanzado, hasta 8a), que posiblemente no habría desarrollado adaptaciones muy específicas para su disciplina, ii) la dudosa validez de las pruebas, debido al inexistente control de la condición hemodinámica en la que se llevaban a cabo (37), iii) la baja especificidad de estas pruebas por las “bajas” intensidades utilizadas (lo que estaría relacionado con lo anterior). Por ejemplo, Fryer et al. (2017) (13) midieron la REE al 40% de la fuerza máxima mediante un test intermitente con ratio 10:3. El uso de esta intensidad, habitual en varios estudios del área (11-13), ha sido criticado por algunos autores (7,41) aludiendo al hecho de que ésta permitiría la presencia de flujo sanguíneo durante las fases de contracción en estos protocolos. Esto enmascararía la valoración de la capacidad objetivo, expresada por la magnitud de la re-oxigenación en las fases de reposo entre contracciones, lo que otorgaría escasa validez a las mediciones así realizadas (37), impidiendo además la comparación entre sujetos (5). Esto último, como ya se ha explicado, no sucedería en las pruebas de los auto-test.

Un último elemento al que se debe atender en relación con los tiempos de reposo en los protocolos intermitentes es la precisión de los mismos. En este sentido, Balas et al., (2015) (7) observaron que existía un retardo en la aplicación de la fuerza cuando ésta se expresaba de manera voluntaria sobre una presa implementada con un sensor de fuerza. Este procedimiento ha sido el más utilizado en la mayoría de estudios que han valorado la REE hasta ahora como ya se ha explicado (11-13). Por tanto, es probable que ninguno de ellos haya efectuado con precisión los tiempos de contracción y reposo en sus respectivos protocolos. Este elemento parece muy importante en la valoración de la REE, ya que esta capacidad ha sido asociada con la magnitud y la velocidad de la re-oxigenación que puede darse a nivel local en tiempos de reposo muy breves. De hecho, Fryer et al., (2016) (34) evidenciaron que una velocidad tan solo 1 segundo más rápida para alcanzar cierto de nivel de re-oxigenación en los flexores de los dedos (en concreto, la mitad del máximo nivel de des-oxigenación alcanzado previamente), suponía una diferencia de un grado en el nivel deportivo de los escaladores valorados. Por todo lo anterior, los auto-test que puedes realizar con la R-Evolution Training App te permiten valorar tu REE de manera válida y fiable, ya que esta herramienta es capaz de detectar los tiempos reales empleados en las recuperaciones entre contracciones en estos protocolos intermitentes.

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